6 ago 2011

Papiros

"¿Ahora cómo voy a hacer para dormir?" se preguntó aterrado mientras cerraba el cajón. No lo entendía. De todos los lugares para guardar la ropa tenía que ser ese, ese maldito cajón el que tuvo que abrir.

Retrocedió con miedo. Se sentó en la cama y clavó la mirada en sus pies. Tomó un leve impulso que depositó su espalda de lleno en la cama. Los siguientes 15 minutos se le pasaron en la idea de que esas sábanas pudieran ahogarlo y ahorrarle la agonía.

Inspiró y, mientras miraba el ventilador que giraba en segunda velocidad, se llevó las manos a la frente. "Cómo era esa canción de los Cadillacs?... ah! Vamos, mi cariño, que todo está bien, esta noche cambiaré, te juro que cambiaré. Vamos ya, negrita, ya no llores más. Por vos yo bajaría el Sol y lo hundiría aquí en el mar". Seguir a la Luna no le serviría de nada esa noche.

Se reincorporó y a su mente llegaron todos esos recuerdos: el café del bar por Sarmiento, la brisa de la estación durante la primavera, el contraste del caos del lunes y la paz del domingo en la avenida principal, el rocío del pasto de ese parque donde se revolcaban, los bancos más cómodos de aquella galería con flores de todos colores, los besos escondidos dentro de las columnas ámbar y el dulce néctar de la incertidumbre que encerraba cada mirada sin una definición total de la situación.

Era tarde, y su piel, que era un papiro grabado con sus poesías, comenzó a arder bajo el ventilador en segunda velocidad. En un instante, la habitación comenzó a llenarse de los fragmentos de poesía ardiente. Sus ojos secos podían leer claramente todos esos fragmentos de Cortázar, Borges, Sabato y Bioy Casares que se empezaban a pegar contra el techo.

Se había olvidado que eran de carne y hueso.

1 comentario:

once upon a time... sunshine dijo...

A ver si suena Tuyo siempre o Diez años después. O las dos...