25 ago 2011

Entrás, te vas, no estás... y nunca cambiás el canal.

Intenté seguir tus reglas... ¿podrías hacer lo mismo? Prometí no decirle al almacenero lo de nuestro affaire, aunque vivas con el miedo en la piel y aún guardes en un cajón las fotos de nuestro último encuentro. Prometí no aparecer los días que tu marido vuelve temprano de la oficina, así como aseguré tratarte de usted cada vez que alguien estuviera cerca.

Ahora bien, te pido encarecidamente que no me mires con esos ojos. Te pido que cuando me saludes con un "buen día" no apliques con tu lengua el poder de seducción que tantas veces me ató a tu cama. Sabés que soy débil, joven y tono. Detrás de todo el maquillaje que nos aleja, yo no solo deseo tu cuerpo, sino que te amo y disfruto de ver tu piel bajo los rayos del sol.

Dejá a tu marido y vayamos por el mundo.




Atte.
El sodero de Dublin

No hay comentarios: