29 dic 2011

Una carta a mi agridulce Muriel

Muriel, si tu nombre se lo llevara el viento seguramente podríamos describir los cielos y todos sus colores. Pero sé muy bien, mi leona fantasma, mi sofisticada sonrisa malévola, que tarde o temprano el piso nos iba a comer.

No reniego de mis errores, y de ellos me hago cargo, pero no puedo dejar de alegrarme al recordar cómo del miedo a tus ojos pasamos a emborracharnos y tirarnos en las pilas de arena de las calles que compartimos. No me olvido del beso cereza en aquella calle que cambió su sentido, ni de todos las bandejas que mordiste mientras me devorabas con los ojos. Muriel, mi triple K, yo voy a extrañar tu duda, y sobre todo cómo de la afirmación de los pies bien apoyados sobre la tierra pasamos a lo más naive y bonito que podía sucedernos.

Nunca llegué a tiempo a decirte cuánto te quise.

No hay comentarios: