La noche le había ganado al día. "¿Es el final?" preguntó ella mientras su mirada subía por la mejilla de su partenaire para llegar a sus ojos. "No lo sé" respondió.
Se abrazaron tan fuerte que por un momento fueron uno. Los árboles se estremecieron y una brisa azul comenzó a danzar sobre sus ramas. Las baldosas de aquella calle de San Telmo se empezaron a aflojar y, de pronto, cientos de luciérnagas se habían congregado para transformar esa noche en amanecer.
Se abrazaron un poco más fuerte y las luciérnagas empezaron a zumbar. La luz tímida del principio del día artificial comenzó a arder con mayor esplendor. La brisa azul ahora era el mar.
"No te suelto" y esas baldosas flojas se empezaron a partir, a desintegrar para convertirse en polvo mientras el agua mojaba los pantalones de la pareja. Todo brillaba, y esos árboles estremecidos pasaron de primavera a otoño y de otoño a invierno en cuestión de segundos.
San Telmo ya no parecía ser tan santo. El abrazo se extendió y fue tan sentido que dos se volvieron uno. Los amantes dejaron de ser un plural para ser un singular, al menos por ese instante, porque la luz seguía aumentando y ardiendo.
Las luciérnagas se apoderaron de la escena y, en un último suspiro...
"No me olvides"
"Acordate"
Y después todo fue blanco.
3 comentarios:
Me parece muy triste.
otro suspiro se escapa y golpea contra la pantalla.
yo me acuerdo
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