14 jun 2011

Por vía oral

Yo creo que uno de los grandes componentes de la seducción con potenciales de amor/relación/loquesea reside en la voz. Suena estúpido, pero pocas cosas son tan fascinantes como esa voz que te camina por la espalda, que te hace sentir como lentamente se te pone la piel de gallina y te hace pedir a gritos que te rocen, que te acaricien vagamente para mantener in crescendo la excitación por vía oral.

Por eso me gusta escuchar, me gusta que me llamen la atención, que me atrapen en una frase, que me deslicen en el tobogán que hace la lengua al pronunciar la L, el galope de una R, la fricción de las Fs, la distancia quincuagesimal entre palabra/silencio/palabra, la combinación de los tonos bajos con las A.

Es necesario, imperioso, casi vital, hacerse oír. Ser escuchado, escuchar, sentir las letras, sentir la percusión de cada una en el paladar mientras se desliza por la lengua, en tu labio inferior, en la presión sobre los dientes. Necesitamos de eso para enamorarnos. Escucharnos! Escucharnos! Escucharnos! Entender que un "Buenas tardes" es un cúmulo infinito de juegos complejos para la degustación sensorial.

Hablame, hablame que me gusta, hablame que quiero oírte mientras me hablás, hablame que me muero por oírte, por degustar tus vocales, por palpitar tus consonantes, por descifrar el complejo mapa de significados de cada sílaba conformando cada palabra. Hablame que quiero entender tu idioma, tus clichés, tus sucias trampas al lenguaje, tus siniestros modos de deformar la realidad y servírmela en bandejas tridimensionales. No te escapes.





Demasiada complejidad para llegar a la conclusión que cuando mi mano roza la fina curvatura de tu cintura se acabaron las palabras.

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