9 jun 2011

Veamos hacia dónde nos lleva el camino

Te voy a ser sincero, aunque, a decir verdad, casi siempre lo soy. Quizás no encuentro las palabras para decirlo porque estoy buscándolas en el lugar equivocado.

Busqué en todos nuestros rincones la ecuación perfecta de palabras necesarias para conjurar tu entendimiento. El resultado fue nefasto. Lo único que conseguí fue tu enojo, tu silencio, tu falta de compresión.

Y sabés muy bien, mi rubí, de todos los sueños que me pude dejar olvidados en el jardín. Pero también sabés que te busco, que no te puedo seguir así. Sabés bien, aunque tu corazón reniegue, de todos los mares que crucé y cruzaría por uno de tus suspiros.

Traté de llenar mis letras de la behemencia de Baudelaire, del amor loco y lo bohemio de Cortázar, de la pedantería que encuentro en Borges -un poco de misterio no viene mal-, del pragma cariñoso de Bioy Casares, de la revolución y el cambio que dibuja Sábato en el aire. Todos congregados con un mismo fin por el cual siempre les estaré agradecido.

Te pediría que me escuches, pero luego lo entendí. No tengo que hacerte entender, tengo que dejar que entiendas. Tenés que querer entender, saber, definir, decidir.

Con Gustavo me senté a charlar. En realidad le hablé, aunque no sé si me escuchó. Le conté mis problemas y me respondió con la eternidad de Raíz, con la belleza de Puente, con la comprensión de Lago en el cielo, con el incansable pedido de Tratame Suavemente.




última edición: 09/06/11 - 17:15

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